Sobre los hábitos y nuestros cerebros.

De lo que más puedo encontrarme en la consulta, son pacientes que llegan frustrados, ya que han leído una cantidad enorme de libros de autoayuda y que se supone les “enseñan” a ser más productivos con su tiempo y eficientes en sus tareas, o porque el “entrenador” o “coach de vida” les dijo que lo que les falta para lograr todo lo que buscan en esta vida es fuerza de voluntad y disciplina. Y al querer poner en práctica todos estos consejos que reciben de estas personas, se encuentran con una gran realidad: la vida realmente no es como estos pseudo-profesionales quieren que pienses que sea.

Existen responsabilidades propias e inherentes a la naturaleza humana, que en muchas ocasiones complican o dificultan nuestras actividades, y un camino que en principio puede llegar a verse lineal y plano, termina siendo con obstáculos y tortuoso, lo que es muy posible genere frustración y desesperación en nosotros, ya que el plan que teníamos pensado originalmente, quizás no se termine realizando de la forma en que teníamos prevista.

Es aquí cuando uno entiende que la vida no funciona a la perfección, y creo que con lo que más tenemos dificultad, es en aceptar que, eso está bien. Está bien que en la vida haya altas y bajas, y nadie puede esperar la perfección de un ser humano, ya que existen infinidad de ideas, sueños, situaciones personales, que es imposible pensar que 2 personas puedan actuar de la misma forma.

Es por ello que, es importante entender que nuestro cerebro no funciona a base de buenos deseos y palabras bonitas. Es un órgano complejo, con ciencia que aún no hemos terminado de comprender, por lo que cambiar un hábito o costumbre no puede basarse al 100% en la experiencia previa de otra persona, si no que debe basarse en la propia historia individual, y en las capacidades con las que uno cuenta en este momento, para lograr entender cuál es la mejor ruta a seguir de acuerdo con los objetivos propios.

Cuando comencé a estudiar la neuro-ciencia detrás de los hábitos, entendí el por qué las personas están desesperadas por una fórmula mágica que les permita cambiar su vida de la noche a la mañana. Y es que, lo que la mayoría hacemos (incluyéndome en ocasiones), es buscar siempre la forma más sencilla de ejecutar una tarea, y nuestro cerebro funciona exactamente de la misma forma.

Nuestro cerebro no entiende de si mañana podremos comer o no, a pesar de ver el refrigerador lleno o la alacena sin un espacio vacío. Para él, nuestra supervivencia es lo más elemental que debe de cuidar, por lo que siempre priorizará la forma más económica (hablando de energía) para ejecutar una tarea. Y no importa si la tarea es sana, es provechosa, o es buena para nuestro cuerpo. Lo único que él defiende, es nuestra supervivencia.

Y obvio que uno puede sobrevivir de forma sedentaria. Claro que se puede vivir comiendo frituras y tomando alcohol todos los días. ¿Pero como mencioné anteriormente, es acaso esto lo más sano? ¿Es acaso la forma en que deberíamos aprovechar el don de la vida?

Algo que tampoco tomamos en cuenta es que, efectivamente, todos los seres humanos cargamos con una herencia que no hemos pedido, y de la cual casi nunca se habla. Lo que hacemos, como especie, las costumbres que adoptamos, los hábitos que sostenemos, son los que reescriben nuestros genes, y permiten que las generaciones futuras adopten cambios estructurales y biológicos en sus cuerpos, de tal forma que siempre busquen hacer más eficiente la vida.

Entrenar y cambiar un hábito no es cosa fácil. Requiere de disciplina, pero también de un plan estructurado donde se identifiquen cuáles son los principales motores que perpetúan esa conducta que puede no ser tan agradable para nosotros, y entender que, al final del día, los buenos deseos y sueños no son suficientes para lograr el cambio. Se necesita guía, evaluación, y adaptación cuando sea necesario. Debemos entender que el deseo es la chispa que enciende el motor, pero el método es aquello que perpetúa esa conducta a través del tiempo, y permite que se instale de forma permanente en nuestro día a día.

Para que un hábito se instale de forma concreta, no hay un número mágico. A algunos les será más fácil dada su historia previa, y a otros podrá resultarles mucho más complicado. No se trata de esperar un resultado a las pocas horas de haberlo iniciado, si no de notar un verdadero cambio a lo largo del tiempo.

En fin, no soy alguien que pueda darte una verdad absoluta, ya que nuestros cuerpos, siempre se encuentran evolucionando. Siempre nos encontramos en constante adaptación a los factores que la misma industrialización del mundo va generando. Sobre si esto es sano o no, habría que evaluar cada situación individualmente para poder emitir una opinión. Pero, lo que sí es seguro, es que nuestro cerebro sigue funcionando, en esencia, como hace millones de años, y si bien hemos sufrido distintas adaptaciones a lo largo de nuestra historia, toda esa memoria se encuentra en nosotros, lista para activarse cuando le demos la oportunidad.

Dejo en esta página una guía que profundiza un poco más sobre cómo podemos formar un hábito de forma factible, con método, evitando falacias con palabras bonitas y sueños frágiles. Espero que esto te sea de ayuda, y si tienes algún comentario, o quieres profundizar más sobre este tema, dejo en la parte de abajo el formulario para enviarme un correo. Estaré encantado de leerte, y de compartir contigo.

Dr. Mario Luna.

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