Del otro lado del escritorio

Hay algo que casi nadie sabe la primera vez que entra a mi consultorio: no llegué a la medicina buscando enfermedades, sino explicaciones — por qué la misma intervención cambia de efecto según quién la recibe, por qué dos personas con el mismo diagnóstico reaccionan de maneras completamente distintas.

Por eso mis consultas empiezan escuchando, no recetando. Antes de decirte qué hacer, quiero entender cómo vives, qué has intentado y qué te ha detenido. De ahí sale un plan hecho para ti, no una fórmula genérica.

Esa manera de ver la medicina no me la inventé yo solo. Vengo de una familia de médicos que decidieron temprano que la medicina no tenía por qué hacerse siempre igual — que se podía cuestionar el protocolo de siempre sin perder rigor, mientras el paciente siguiera siendo el centro y no la costumbre. Crecí escuchando esas conversaciones de sobremesa, y sin darme cuenta terminé heredando la misma inquietud.

Empecé mi formación en la Universidad La Salle, en la Ciudad de México, y la completé en la Universidad Durango Santander, campus Hermosillo.

Desde entonces me mantengo cerca de la investigación clínica: sigo de cerca la evidencia más reciente y las nuevas líneas de tratamiento que van surgiendo, buscando siempre lo que pueda sumar valor real a tu cuidado — sin perder nunca de vista que tu seguridad va antes que cualquier novedad.

Fuera de la bata sigo siendo, sobre todo, curioso: por la evidencia, por el deporte, y por las historias de quienes se sientan frente a mí cada día.

Dr. Mario Luna con bata blanca sosteniendo un estetoscopio cerca de la cámara, en un fondo blanco, consultando medicina general enfocado en estilo de vida y deporte.