¿Qué es el miedo?

Cuando era más pequeño, recuerdo haber buscado la posibilidad de irme de casa de mis papás a una casa de formación religiosa, con el objetivo de eventualmente ordenarme como religioso. Y era muy curioso porque ellos tienen este esquema de formación donde tienes la oportunidad de cursar la preparatoria en esta casa de formación, en otro estado del país, lejos de tu familia, tus papás y tus amigos. Y recuerdo haber estado súper emocionado por la oportunidad de comenzar una independencia a mis 15 años, donde comenzaría a formar mi propia identidad, aprendería lo que es vivir en comunidad, lejos de aquellos quieren me enseñaron a ser la persona que era en ese momento. La noticia fue muy bien recibida por mis conocidos, todos me apoyaron y realmente sentía sus buenos deseos. Pero algo de lo que nunca hablé es del miedo que esto generaba en mí. Irte a otro lugar, desconocido, donde comenzarías a vivir con personas que nunca habías visto en tu vida, generaba en mí una emoción, claro, pero también un miedo sincero a qué era lo que podía salir mal, qué era lo que podía fallar, y a decepcionar a las personas que confiaron en mí. Y recuerdo mucho, una reflexión que me compartió mi amigo David García quien me hizo entender que el miedo, no es algo negativo, no es algo a lo que debamos huirle o que debamos ocultar, es una reacción completamente natural del cuerpo hacia lo desconocido. Y la clave para enfrentarlo, estaba en cambiar la mentalidad con la cual se le entendía. No había que entenderlo como esta situación donde nos enfocamos en nuestro potencial a fallar, a salir lastimados, a no hacerlo bien. La clave está en verlo como la oportunidad de superación que realmente representa. El miedo guarda mucha similitud con lo que es la emoción, esa adrenalina que sientes cuando sabes que estás a punto de lograr algo extraordinario. Y las reacciones físicas, realmente no difieren mucho. Trata de traer a tu mente alguna vez en la que tuviste demasiado miedo. Por ejemplo, al encontrarte con un perro que te ladra y en cualquier momento está listo para atacarte. Las sensaciones físicas que experimentas, sudoración, que se te acelere el corazón, respiras más rápido, son exactamente las mismas que cuando estás emocionado. Piensa ahora, en alguna ocasión donde hayas estado muy emocionado o nervioso, quizás una entrevista para un trabajo importante, o alguna ocasión en la que hayas tenido que hablar en público. ¿Qué experimentaste? Quizás sudoración, quizás se te aceleró el corazón, a lo mejor notaste que respirabas más rápido… ¿Te das cuenta? El miedo y la emoción no difieren mucho de sí. Pero entonces, ¿qué es lo que cambia? Tu mentalidad, la forma en que te preparas para enfrentar la situación delante de ti. De las 2 formas, se liberan las mismas hormonas, que te preparan para superar los límites que tienes frente a ti. Es algo muy curioso, como nuestra mente tiene tanto poder, y la mayor parte del tiempo no nos damos cuenta de esto.

 

El miedo es parte de ti, de mí, de la humanidad. Es un instinto con el que nacemos, que tiene como objetivo protegernos. Pero ¿qué sucede entonces, cuando comenzamos a utilizarlo a nuestro favor, y no dejamos que nos utilice? Llegamos a ese momento donde entendemos que en realidad el miedo, es esa sensación que nos dice: estoy preparado, estoy listo para luchar, estoy listo para crear maravillas. Sin el miedo, probablemente nos haríamos mucho daño, y probablemente no seríamos capaces de lograr avanzar en nuestra historia. No está mal que lo tengas, ni que lo experimentes. Lo que está mal, es dejar que te controle, y que se apodere de la forma en que ves la vida.

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Sobre los hábitos y nuestros cerebros.